Suspiros de Merengue

Son tan monos, tan delicados, tan de colorines…

…Así empezó mi infierno con el merengue… si, un infierno.

Supongo a cada uno se le atasca una cosa. Igual que hay quien sufre sudores fríos ante la sola mención del “Royal Icing”, la palabra “merengue” me ha perseguido durante los últimos meses. Todo parece tan sencillo ¿verdad? algo que lleva básicamente dos ingredientes no puede ser tan dífícil. Bueno, pues he de reconocer que tiré una botella entera de clara de huevo pasteurizada y medio kilo de icing sugar acumulando fracaso tras fracaso.

Pero no, eso no iba a quedar así. Hay toda clase de testigos que pueden declarar bajo juramento que cuando una mujer de mi familia dice que va a hacer una cosa y que la va a hacer “solita” puede temblar el misterio pero al final sale.

Probé todos los trucos habidos y por haber: limón, crémor tártaro, sal, a temperatura ambiente, frío polar, cuidado la humedad del ambiente, sacrificar una cabra, rezar, que sí primero bate despacito para que las burbujas no crezcan mucho y se rompan, que sí a toda máquina… Pues nada señores, que eso de batir hasta obtener picos duros que mantengan su forma, iba a ser que no, que los picos estaban en huelga.

En fin que unos días después, tras mucha investigación de gente con múltiples experiencias traumáticas con el merengue llegué a una conclusión: las claras pasteurizadas eran buenas candidatas a Caballo de Troya. Las ves ahí, en su botellita, tan cómodas ellas, con su medidor, ajenas a los peligros de la salmonela, y no te das cuenta de que están llenas de agua y te van, literalmente, a aguar la fiesta. He de decir que hay relatos de héroes que han conseguido montarlas firmes pero yo, como novatilla en el asunto, y buscando que fueran muy firmes para usar la clásica boquilla 1M., estaba avocada al fracaso.

Total que esto no se iba a quedar así, clara de huevo de toda la vida de dios, con o sin salmonela, que esto ya es por dignidad hombre… Aquello montó a la primera. Exito. Claro que los probres merengues no sabían que pasaban al segundo tormento: ese horno de gas que lo pongas a 2, 5 o 7, él va a seguir desafiante a 200º. ¿Qué pasó? implosionaron, pobrines, se hundieron y empezaron, literalmente, a llorar almibar. El caso es que eran rosas y de vainilla y hay quien mantuvo que eso marrón que salió del horno era de café.

No pasa nada. Puedo hacerlo. No perder la calma. Una vez supe que era plenamente capaz de montar el merengue (problema uno), pasé al maravilloso mundo de la albumina en polvo: no salmonela y agua controlable. El paraíso. Entonces me enfrente, frente a frente, con el problema dos: compré un horno. No estaba yo ya para cuentos.

En fin, os presento el resultado. Los rosas son de vainilla y los verdes de menta. Más sabores y colores en camino. Y mi tolerancia a la frustración, como veis, bien. Gracias. ; )

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3 comentarios en “Suspiros de Merengue

  1. Me he reido mucho con tu narración de la aventura del merengue para los suspiros.Doy fé de latenacidad a rendirse de las mujeres de tu familia,ya ves que los suspiros están ahí y riquísimos después de no pocas vicisitudes(¡¡BRAVO POR TI!!) Mi enhorabuena soy tu tía ana.

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